Una empresa británica revive el proyecto HOTOL
Reaction Engines ha desarrollado un nuevo motor híbrido entre cohete y turbina.
Los cohetes son una forma ineficiente de llegar al espacio, aunque bastante espectacular. A diferencia de los aviones a propulsión que usan el oxígeno del aire con combustible para obtener el impulso necesario para moverse, los cohetes deben llevar su propio oxígeno para operar en el vacío, lo que aumenta su peso y por lo tanto se gasta una cantidad enorme de combustible en levantar del suelo en el despegue ese mismo combustible.
Reaction Engines, una pequeña empresa británica dice que ha solucionado el problema. El 28 de Noviembre anunció que había completado una serie de pruebas con su motor SABRE, un híbrido de alta tecnología entre un cohete y una turbina. A baja altitud y velocidad (aunque puede alcanzar cinco veces la velocidad del sonido) SABRE operaría como una ligera y potente turbina. A velocidades y altitudes más altas cambiaría el combustible por oxígeno y actuaría como un cohete.
Al reducir la cantidad de oxígeno que una nave espacial necesita llevar, en teoría una nave equipada con este motor podría alcanzar la órbita terrestre y luego planear hasta aterrizar en una pista de aterrizaje comercial. Esto sería un gran avance, ya que hasta ahora, los cohetes espaciales eran ingenios de un solo uso y la lanzadera espacial no era de verdad una nave reutilizable ya que el depósito principal de combustible se destruía al reentrar en la atmósfera.
La empresa ha llamado a este nuevo concepto de nave, Skylon, y que podría usarse para realizar vuelos prácticamente diarios a la órbita terrestre.
El secreto del motor reside en un pequeño y ligero, aunque potente, intercambiador de calor, diseñado para enfriar el aire que entra en el motor, el cual a altas velocidades, se calienta por la fricción hasta los 1.000 ºC. El intercambiador de calor lo enfría hasta los -150 ºC. Entre otros beneficios de este intercambiador es que elimina la necesidad de construir el motor con materiales que evitaran que se derritiese, aumentando así su peso final y reduciendo la carga útil de la nave.
Aunque este concepto no es nuevo, ya que Rolls Royce y British Aeroespace estuvieron estudiando este concepto en los 80 del siglo pasado, en su proyecto HOTOL, este nuevo proyecto ha despertado gran interés en la Agencia Espacial Europea.
Las aplicaciones de este nuevo concepto no sólo serian espaciales, sino militares y comerciales, ya que un avión que vuele a Mach-5 en la atmósfera no es algo que se deba pasar por alto. Incluso el intercambiador de calor puede tener su lugar en aplicaciones terrestres que no estén relacionadas con la aeronáutica.
Fuente: The Economist
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